Fiel al juramento hecho a la bandera, en el cumplimiento de una misión imposible, y exponiéndose a las balas enemigas por no abandonar en el combate a su capitán de Artillería Martí, herido gravemente al mando de la extrema vanguardia. Atardecer del día 8 de octubre de 1924. El comandante José Valdés Martel yacía herido en una cama del hospital militar de Tetuán. Era el primer laureado de la promoción de militares como Alonso Vega, Yagüe, Ayuso, Esteban Infantes, Muñoz Grandes o Francisco Franco. Tres días antes había recibido el impacto de una bala enemiga en el cumplimiento de su deber. Por ello fue propuesto para una segunda laureada. Quizás en esos momentos, la mente del comandante Valdés pasaba revista a sus recuerdos para intentar comprender el modo en que había llegado hasta aquella posición tan estéril -desde el punto de vista militar-, para encontrarse con la bala que le estaba arrancando la vida a pedazos, o tal vez sus esfuerzos se concentraban en imaginar el calvario de sufrimientos que esperaban a su pobre mujer con sólo 24 años y tres niños pequeños a sus espaldas si es que perdía su parti