El estado después de años de retroceso en su estatalidad, está adqui-riendo matices y contornos cada vez más centralizados, con funciones más extensas y con ámbitos de intervención con mayor capacidad de control. Al mismo tiempo, la democracia, está mostrando cada vez más sus debilidades. Es posible aventurar que la democracia liberal es víctima de su propio éxito, ya que no puede garantizar el orden en las sociedades caracterizadas por la alta complejidad y la contingencia. En esta compleja situación, las comunicaciones e informaciones que tiene lugar entre el estado, la democracia y la ciudadanía muestran sus debilidades, al tratarse en numerosas ocasiones de intercambio informaciones de baja calidad, o no aceptadas por el destinatario. nAparece la necesidad de promover un tipo de autorregulación inteli-gente en el estado, con capacidad operativa para hacer frente a los múltiples y urgentes desafíos (cambio climático, renovación para una economía circular, reformulación de la arqui