AA.VV
En la gestión de lo social no hay manera de sustraerse del triángulo Estado, mercado y sociedad. La cuestión es modelar el peso de cada uno de ellos. Del equilibrio, necesariamente inestable, de los tres nacen unas fórmulas de bienestar social que se imponen cada vez más en las sociedades occidentales. Nadie o casi nadie defiende hoy en día la hegemonía de uno de ellos. Así que la dinámica articulada y sostenible de los tres citados implica el aumento de las mejoras. Otra cuestión es si estas bases son o serán útiles en el futuro, a medida que los límites entre ellas tiendan a desaparecer. Cada vez más, muchas organizaciones sociovoluntarias adoptan criterios mercantiles, a la vez que algunas empresas ejercen, con mayor o menor sinceridad, una responsabilidad social y el Estado concede más derechos a la sociedad y al mercado. El auge de numerosas entidades de la economía social, con toda su capacidad y contradicciones, es un signo más de una articulación mixta en la que nadie puede ejercer el monopolio de los intereses generales. De acuerdo con estos principios, y para que viva lo social,