Este libro muestra un aspecto de la mutación del imperio español en el siglo XIX tras la pérdida de los territorios de la América continental: el aumento de la inversión en empleo público en sus colonias (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, África Occidental) con el fin no sólo de garantizar el orden público y la recaudación de impuestos, sino también de satisfacer la fuerte demanda de dicho empleo entre las clases medias metropolitanas, uno de los actores clave de las revoluciones del siglo XIX español.