La invención del control judicial de constitucionalidad se atribuye comúnmente al famoso juez John Marshall y a su no menos célebre sentencia en el caso Marbury vs. Madison. Este libro sostiene que esa historia es un mito y que el origen de la judicial review es muy distinto.
A través de un recorrido histórico minucioso, el autor demuestra que los jueces no inventaron, no usurparon, ni se autoadjudicaron una facultad que no tenían. Explica cómo y por qué el control judicial fue defendido y practicado desde 1780 por abogados y tribunales estatales, mucho antes de que Marshall llegara a la Suprema Corte federal. También que los jueces que pasaron por ese tribunal antes de 1803 lo comprendían, aceptaban y aplicaban. Y que todo esto fue anticipado por legisladores de destacada actuación ya desde el primer Congreso federal, así como por los líderes más relevantes de la Revolución Norteamericana.
Este libro invita a revisar el origen mítico del control judicial de constitucionalidad para poder reflexionar con mayor profundidad sobre los límites y la legitimidad de la función judicial, especialmente en aquellos sistemas constitucionales que nacieron al calor de una revolución que, en este 2026, cumple nada menos que 250 años.