Sin embargo, este proceso de crecimiento económico no era equilibrado, pues descansaba sobre una paradoja que lo hacía insostenible a medio plazo: muchos países emergentes habían pasado en pocos años de tener un saldo negativo a arrojar un amplio superávit. En Europa, los prolegómenos de la crisis de la deuda pública se hallan en la crisis financiera, cuyo epicentro se encuentra en Estados Unidos.