Una pluralidad de voces insatisfechas tientan al escritor de El arco iris de gravedad durante lo que se empeñan en llamar «el día antes de la fama». La procacidad y el arrebato se dan turno aquí con una cierta reverencia desganada que rápidamente se revuelve en insulto. Se alza en algún momento una voz más ambiciosa y contenida que ama y desprecia a Thomas Ruggles Pynchon y le achaca como un fallo el haber forzado el mecanismo de sus lectores hasta lo insoportable, le acusa de haber perdido la noción de que su lector es real y tiene que hacer una lectura real de su libro. Le condena a ser, en adelante, «leído fingidamente» como serán leídos Gaddis, Juan Benet, William H. Gass o Danielewski.